Mojácar, entre Almería y Murcía – Estuvimos

[Del 16 al 25 de Marzo de 2019]

Textos: Maribel Loscos
Edición y composición: Antonio Angulo

Aprovechando la ocasión que nos brinda el “Inserso” nos dirigimos el 16 de marzo a Mojácar (Almería), un estupendo viaje del que me gustaría hacer un pequeño reportaje con los apuntes que durante estos días hemos tomado. En un avión de Air Europa  nos trasladamos de Zaragoza a Almería, en cincuenta y cinco minutos. Allí nos esperaba un autobús que nos llevó hasta Mojácar en poco más de una hora. Lo divisamos enseguida desde la carretera: una pequeña montaña inundada de casas blancas nos hizo pensar que ya estábamos llegando a nuestro destino. Después de un largo recorrido por el paseo marítimo llegamos al hotel Indalo, un gran hotel situado al final de la playa. De entrada, el hotel satisfizo todas nuestras expectativas, pues el edificio, habitación, comedor y atención fueron estupendas.

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Índalo

Al día siguiente, por la mañana, tendríamos una reunión para informarnos de la normativa del hotel, así como de los posibles viajes que podríamos realizar. Al final de la reunión elegimos tres viajes: Caravaca de Cruz (Murcia), Níjar (Almería) y Águilas (Murcia). El resto del día nos dedicamos a pasear y disfrutar de la suave brisa mediterránea, a lo largo de los dos kilómetros y medio de su paseo marítimo, perfectamente urbanizado. Fue al día siguiente, día 18, cuando nos trasladamos en el Bus urbano hasta el pueblo de Mojácar, donde pasamos la mañana, disfrutando de sus típicas calles, los bellos paisajes que desde su enclave elevado se divisaban, así como de sus monumentos y lugares de ocio de la villa. Su historia, muy interesante, trataré de resumirla pues creo que merece la pena.

Paseo Marítimo de Mojácar

Se sabe que ya el hombre de Neanderthal habitaba en las cuevas de Almanzora. Con la cultura del Angar (2000 años A.C.) algunos autores coinciden en que ya había asentamientos de población en esta zona. Después, en la Edad de Hierro (s. X-V, A.C.) llegan los celtas, y después los fenicios  y los griegos. También los romanos hicieron su aparición, habiéndose encontrado restos bastante importantes. Después llegaron los visigodos, permaneciendo hasta el s. VIII, que es cuando vienen los árabes. Se cree que durante esta época el mar llegaba hasta el pie del poblado, siendo después abandonado este lugar para buscar un enclave más protegido, por el acoso que sufrían sus habitantes por los cristianos. Damos un salto en su historia y nos vamos a 1488, cuando tiene lugar el salto de Mojácar de mora a cristiana.

Este año los Alcaides de toda la comarca acuden a rendirse a los Reyes Católicos, que estaban en plena conquista de Granada y de estos reinos. No acudió a la cita el alcaide llamado Alabez, lo cual puso en alerta a los reyes, ya que Mojácar era un punto muy importante por su situación estratégica. Los reyes enviaron una embajada presidida por el capitán Garcilaso, teniendo una entrevista junto a una fuente que hoy es muy famosa. Allí el alcaide explicó sus motivos: “Yo soy tan español como vos, y cuando llevamos los de mi raza más de setecientos años viviendo aquí nos decís que nos vayamos. Yo no utilicé nunca armas contra los cristianos, creo que es justo que se nos trate como hermanos y no como enemigos. Yo antes que entregarme como un cobarde, sabré morir como un español”. Garcilaso regresó a Vera, donde estaban los reyes, les explicó lo sucedido, y éstos otorgaron su confianza al alcaide de Mojácar, quedando ésta como una ciudad más de la España cristiana.

Hicimos un buen recorrido por sus calles blancas, retorcidas, con sabor musulmán; nos asomamos a sus miradores, desde donde se contempla un espectáculo digno de pararse y respirar hondo. Desde el mirador de la plaza principal se contempla abajo el mar y varios montes con aspecto de volcanes, sin serlo; es el terreno que denominan “ el Valle de las Pirámides”. Terminamos nuestra visita a Mojácar con un vermut compartido con nuestros amigos y compañeros de viaje, Isabel, Mª José y Elías.

El día siguiente, día 19, hicimos nuestro viaje más largo, ya que la excursión duró todo el día: Caravaca de la Cruz. La verdad es que fue la más completa e interesante de todas, encontrándonos con una buena sorpresa al empezar la visita. Previamente, en el autobús, nos explicaron entre otras cosas el tema de Lorca. Es ésta la tercera ciudad de Murcia, por el número de habitantes. La primera es la capital y la segunda Cartagena. En el año 2011 hubo un terrible terremoto que se llevó buena parte de edificios y monumentos. Lorca es famosa por su Semana Santa, que se recrea completamente en la calle. Los bordados de Lorca están reconocidos como “Patrimonio de la Unesco”. Es famoso su “Museo del vaso blanco”.

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Cruz de Caravaca

Nada más llegar a Caravaca nos encaminamos a ver el “Museo de los caballos del vino”, situado en una casa noble de entre las muchas que hay. Fue nuestra primera sorpresa del día. Cuenta la leyenda que había una situación muy crítica y que cuatro caballeros fueron a buscar agua a una fuente y se encontraron odres de vino, en vez de agua. Las aguas estaban contaminadas, y bebiendo vino en lugar de agua salvaron la vida las gentes del lugar. Éste es el milagro del vino. La fiesta consiste en desfiles de caballos enjaezados con ropajes o gualdrapas maravillosamente bordados en oro, plata y pedrerías. En la carrera, cada caballo va guiado por cuatro mozos, que orgullosos, corren junto con el animal, bellamente vestido con estos ropajes tan costosos. Cada peña se encarga de la financiación de estos trabajos, a los que hay gente que se dedica durante todo el año.

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Museo de los Caballos del Vino

Después fuimos al Santuario de Caravaca, que está en la parte alta de la población. El milagro de Caravaca es una historia sobre un rey musulmán de estas tierras, que, curioso por saber cómo eran los ritos cristianos, le preguntó al cura de la época, al cura Chirinos, en qué consistían las ceremonias cristianas, o sea, las misas. El sacerdote preparó todo para celebrar la misa, y en el último instante se da cuenta de que falta la cruz de Cristo. Y cuenta la crónica que una cruz hermosísima, transportada por dos ángeles apareció rodeada de una fulgurante luz, y con sus dos brazos presidió la misa. Al parecer, después de este milagro, mucha gente del lugar se convirtió al cristianismo, incluido el alcaide. El santuario, en el que se conserva una pequeña astilla de la cruz de Cristo, es de los siglos XVII y XVIII. La portada principal es un auténtico retablo en mármol de la zona. La Orden del Temple fue la propietaria de la Vera Cruz durante algún tiempo; después pasó a la Orden de Santiago. Actualmente hay una cofradía que se encarga del culto. En 1984 solicitan a la Santa Sede que les conceda un año jubilar. Y en 1996, ante el éxito de gente que acudía en peregrinación, se solicita año jubilar a perpetuidad, siendo concedido que se celebre cada siete años. Es la quinta ciudad santa del mundo, después de Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana. La cruz, que tiene el relicario, mide 17 centímetros da larga, lo mismo que miden entre los dos travesaños juntos.

Por la tarde, después de una agradable comida, fuimos al Santuario de la Virgen de la Esperanza, en Calasparra, muy original, que nos recordó a nuestro San Juan de la Peña.

El día 20 nuestro objetivo principal era Níjar. Pero antes atravesamos la localidad de Garrucha, vecina de Mojácar, en la que sobresale un castillo rehabilitado que mandó construir Carlos III para combatir la piratería. Aquí son muy famosas las gambas. La guía nos explica que la clave para que sean tan blancas es que se pescan a gran profundidad donde se crían, lejos de la luz del sol. También hay mucha explotación del yeso, con barcos cargando este mineral, que no es blanco como pensamos, sino gris, que luego blanquean.

Por fin llegamos a Níjar, localidad de Almería. Nos cuentan que se quedó desierta tras la guerra civil, ya que allí se pasaba mucha hambre y la gente tuvo que emigrar. Luego, para repoblarla, se concedieron tierras a bajo precio, con la condición de cuidarlas y formar familias con dos hijos o más. Todas las civilizaciones han pasado por Níjar. Es un buen lugar de pastoreo de ganado caprino y ovino, y por  allí transita una cañada real, que viene desde Granada. En la época morisca se hacían varias artesanías, destacando las “jarapas”, (“harapos”), especie de alfombras que se hacían con tiras de telas viejas, que se colocaban entre en colchón y el somier. También las jarapas colgadas hacían de puertas, o de pared para separar habitaciones. También tuvieron un gran desarrollo en el pueblo la alfarería, la forja y el trabajo del esparto. La guía nos llevó a un establecimiento  denominado “OFICINA  DE TURISMO”, pero que era un establecimiento comercial normal, en el que la dueña, se valió de su labia contándonos historias, para convencernos de los efectos curativos que tenían algunos de los productos que allí vendía. El más recomendado fue un licor de fabricación local, denominado “Pichichane”, inventado, según la tendera, para una persona que no podía tener hijos, y que después que lo tomó, tuvo seis parejas de mellizos. Según ella, además, todas las mujeres de allí tienen siempre una botella a su disposición porque tomando unas cuantas gotas se cura cualquier tipo de dolor que tengas. Muchos nos dejamos convencer, sobre todo por esta segunda propiedad, porque a nuestra edad ya no estábamos muy interesados en la anterior, y no compramos solo una botella, sino varias. ¡Y de curar los dolores….. nada, que lo hemos comprobado!. Que esto se haga en un establecimiento particular, pase. Pero escudándose en que es la Oficina de Turismo, debiera estar vigilado. Creo que las autoridades municipales o provinciales, debieran tomar cartas en el asunto.

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Nijar

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Torreón del Pirulico

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Águilas

El día 21, no teníamos ningún viaje previsto, y nos fuimos acompañados por la animadora cultural del hotel a practicar el senderismo, que tanto nos gusta. Estuvimos dos horas y media caminando por  la orilla del mar, entre barranqueras de pizarra, hasta que llegamos a una torre de vigilancia denominada “El Pirulico”, con unas preciosas vistas a lo largo de todo el recorrido.

El día 23 nos tocó visitar Águilas, localidad de la provincia de Murcia. Una bonita e interesante población sobre la que la historia nos cuenta que fue creada en el siglo XVIII para dotar a la importante población de Lorca de un gran puerto para dar salida a su producción hortofrutícola. Carlos III, junto con sus ministros Floridablanca (murciano) y el Conde de Aranda (aragonés), fue el impulsor de esta obra, creando un puerto y una población preparada para el desarrollo de este comercio. Con una población de 30.000 habitantes, tiene 29 kms de costa, y en verano pueden llegar allí hasta 170.000 personas. En Águilas nació el actor Paco Rabal, y la familia sigue teniendo allí su casa, a la que van de vez en cuando, manteniendo así la relación y el cariño de la gente del lugar. Prevalece el turismo belga, y de hecho hay una gran urbanización de financiación belga. El principal cultivo es el de la sandía. La población está coronada por el esbelto castillo de San Juan de las Águilas, del siglo XV, que Carlos III convirtió en una fortaleza.

Antes de decir que ya nuestra estancia en la zona está tocando a su fin, queremos dejar constancia de que nos vamos con ganas de volver por aquí para completar nuestro conocimiento de otros lugares de la zona, la cual nos ha sorprendido por sus historias y su cultura. También queremos hacer referencia al símbolo de Almería, EL INDALO. Es un personaje lineal que representa un hombre cazando, que se encontró en pinturas rupestres halladas en Vélez. Su nombre viene derivado del patrono de Almería, San Indalecio. Por cierto, que nosotros tuvimos relicarios de este santo en San Juan de la Peña, los cuales fueron expresamente a buscar varios monjes desde San Juan de la Peña hasta Almería. Hoy se conservan en una preciosa arqueta colocada debajo del ara de la catedral de Jaca.

Añadiremos, para terminar nuestro relato, que en esta zona fue donde cayeron dos bombas, concretamente en Palomares, una en el mar y otra en tierra. Se corrió el bulo de que las aguas se habían contaminado,  lo que el ministro Fraga Iribarne quiso demostrar que no era cierto, para lo cual se bañó en el mar. Aunque, claro, se comenta que las bombas cayeron en enero, y el ministro se bañó en marzo. Además no se bañó en la playa de Palomares y sino en la de Mojácar. En fin, polémicas aparte, la anécdota forma parte de la reciente historia de este lugar.

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