Las Maravillas de Bulgaria – Estuvimos

[Del 17 al 24 de Julio de 2019]

Textos: Maribel Loscos
Edición y composición: Antonio Angulo

DÍA 1: ZARAGOZA-SOFÍA

Salimos del aeropuerto de Zaragoza a las 9 en punto de la mañana, escoltados por unas inesperadas tormentas. Una hora más tarde ya estábamos disfrutando de un sol espléndido que percibíamos por encima de las nubes. Viajamos con “Enter Air”, nos figuramos que es una línea búlgara, en la que a primera vista nos han encantado las azafatas. Su uniforme es de película: traje de chaqueta y falda azul marino, camisa blanca y gorrita azul también, de corte militar. Los carteles están en búlgaro e inglés, pero nos hablan también en español bastante correcto. El vuelo se ha desarrollado con normalidad, llegando a Sofía a la hora prevista, aunque hemos tenido que soportar unas turbulencias producidas por unas nubes que parecían bolas de algodón gigantescas.

El hotel en que nos alojamos, Hotel Arena de Sardica, nos ha parecido estupendo, con unas habitaciones espaciosas, elegantes, y un comedor también muy acomodado. Está situado en pleno centro de Sofía, justo detrás del Palacio Real, hoy Museo de Bellas Artes, aunque la calle de la entrada principal era un poco estrecha, con dificultades para poder entrar con el autobús, cuyo conductor, nos acompañaría durante todo el circuito. En la planta sótano del hotel hay una exposición de restos romanos de la ciudad de Sardica, que era el nombre de Sofía entonces.  

Una vez que todos estábamos acomodados en nuestras habitaciones, comenzamos la visita panorámica de la capital búlgara, que aunque un poco cansina, porque la hicimos a pie, la consideramos necesaria, pues andando te haces a la idea de dónde está lo más preciado de una ciudad. Acompañados por nuestro guía “Petrof”, muy atento durante todo el circuito, recorrimos las avenidas principales, contemplando la Plaza Sveta Nedelia, la Rotonda de San Jorge, el Teatro Nacional, la Plaza Alejandro Batenberg con el Palacio Real, la Iglesia rusa San Nikolas, la Catedral de Alejandro Nevski, la antigua Basílica de Santa Sofía, etc.

El día no daba ya para más. Así que después de una agradable cena, servida por camareros-as, nos retiramos a descansar que es lo que nuestros cuerpos nos pedían.

Catedral de Alexander Nevski (Sofía) –  Hacia las ruinas romanas (Sofía)

 

DÍA 2: SOFÍA

Comenzamos el bien el día con un apetitoso y completo desayuno de buffet libre, en el que no faltaron detalles como la “jalea real auténtica”.  Iniciaremos nuestra ruta por la ciudad con una visita del Museo Nacional de Historia de Bulgaria. Un enorme edificio, residencia del presidente del anterior régimen comunista. Un magnífico edificio, con una gran rotonda a la entrada, con vistas a la montaña de enfrente, y cubierta por techos de madera labrada, con una vistosa lámpara tipo araña en el centro. El contenido del museo nos pareció muy apropiado, con elementos de hasta la prehistoria, encontrados en cuevas y excavaciones pertenecientes a las tribus tracias, primeros pobladores de estas zonas. Destaca un gran mural que nos describe el alfabeto búlgaro, proveniente de la escritura “cirílica”, llamada así porque fue creada por dos personajes, que luego fueron canonizados: San Cirilo y San Metodio. Abundaban los tesoros de plata y de oro, los más valiosos eran réplicas, dado su gran valor, coronas votivas, collares, joyas, copas, en fin…, un gran tesoro del que se sienten muy orgullosos.

A continuación, y después de haber pasado algunos apuros por equivocación del conductor y del guía, llegamos al pie de la montaña cercana a Sofía, donde se encuentra la Iglesia de Boyana, declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Foto 4
Teatro Nacional de Sofía

Foto 5
Iglesia de Boyana

Aunque a primera vista parece una construcción sencilla, debe su fama a unas pinturas murales del año 1259, que reflejan los logros sobresalientes de la cultura búlgara medieval. Entre todas las pinturas destaca el retrato conservado más antiguo del santo búlgaro Ivan Rilski, que vivió en el siglo X y fundó el Monasterio de Rila. Otras pinturas de interés son el Pantocrátor y Constantino Emperador y su madre Santa Elena. Y algo muy curioso: la primera pintura de Cristo adolescente. Todos los rostros son naturales totalmente. Como el espacio interior es reducido, tuvimos que entrar de diez en diez, lo cual no fue un engorro en modo alguno, ya que el paisaje exterior era maravilloso, lleno de vegetación, con lo que la espesura de los árboles nos acogía y nos daba frescura en un día bastante caluroso.

Como figuraba en el programa, almorzamos en un restaurante, muy típico y acogedor (e. o c.). Nos dieron un menú búlgaro, consistente en olla de yogurt, con tomate y huevo, un filete de carne triturada con zanahorias, manzana de postre.  La tarde la tuvimos libre para seguir conociendo la ciudad, recorrer su centro o realizar algunas compras, a gusto de cada cual.

DÍA 3: SOFÍA – MONASTERIO DE RILA – PLOVDIV

El plato fuerte de nuestra ruta de hoy es el Monasterio de Rila, original edificación situada en el corazón de las montañas. Rila es un lugar adorado por los búlgaros, y muy frecuentado, hasta tal punto que una buena parte de los edificios están convertidos en hospedería para peregrinos y caminantes.  Fundado por el monje Iván Rilski (San Juan de Rila) en el siglo X, desde sus inicios ha sido el centro histórico impulsor de la cultura nacional búlgara. Creemos que ninguno de los visitantes se puede quedar indiferente al contemplar esta gran obra de arte. Iván Rilski vendió sus posesiones, repartió el dinero a los pobres, y se retiró a la montaña de Rila (el río que pasa por allí también se llama Rila). Esto provocó grandes peregrinaciones de monjes a este lugar, buscando al benefactor, el cual ha quedado representado en una caja de madera, donde se dice que vivía el santo.

Monasterio de Rila

El complejo monástico es extraordinario e impresionante. Lo más valioso, por supuesto, es la iglesia, donde no se puede entrar con ropa “escasa”, ni hablar, ni fumar, ni hacer fotos. Las pinturas que cubren las paredes y el techo representan escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, con un estilo realista, aunque no tanto como las de la iglesia de Boyana, en Sofía. Todo el interior recuerda bastante la iglesia de Santa Sofía de Estambul. En el lado derecho del frontal se encuentra el cuerpo incorrupto (dicen) de San Juan de Rila. Tuvimos la gran suerte (según el guía) de que en los momentos que estuvimos allí, apareció un monje, con aptitud muy lenta y ceremoniosa, levantó la tapa del féretro del santo, y animó a la gente a que pasara y besara los dedos del santo. La verdad es que algunos pasamos y no vimos ni dedos ni nada parecido. Una gran tromba de agua nos “aguó un poco la fiesta” (valga la redundancia, ya que con un ambiente sombrío todo parece más frío y gris que con un sol radiante.

El menú que degustamos a continuación al terminar la visita del monasterio, en un restaurante situado en un bello paraje, nos vino de maravilla para recuperarnos de la humedad y del frío de la mañana: Sopa de lentejas, trucha con patatas y yogurt, regado todo con un agradable vino. Y además, como hemos dicho, en un sitio encantador, con montaña, plantas y un río de aguas limpias que pasaba por debajo de nuestro comedor, todo lo cual contribuyó a que éste fuera uno de los mejores almuerzos de todo el viaje, como queda constancia en las bonitas fotos que todos hicimos.

Regresamos en dirección a Sofía, hasta que cogimos la autovía que nos llevaría a Plovdiv, a donde llegamos sobre las 7 h. de la tarde. El hotel en el que nos alojamos estupendo, un edificio clásico y con una atención exquisita por parte del personal del mismo. Un buen detalle: nos recibieron con una copa de vino, tipo “cava”.    

DÍA 4: PLOVDIV

Comenzamos el día con la visita de PLOVDIV, capital de las siete colinas.. Este año ha sido designada la Capital Cultural Europea. Se nota, por tanto, el esfuerzo que han hecho por mejorar el aspecto sobre todo de su centro histórico, con la construcción de una monumental fuente en la plaza frente al Ayuntamiento, plaza que se continúa por una amplia calle peatonal que nos llevaría al primer monumento que visitaríamos, el Anfiteatro romano, señal del pasado romano en la ciudad. No queremos pasar por alto, aunque solo sea como dato anecdótico, que hay una curiosa escultura de un personaje famoso en la ciudad en algún tiempo, llamado Milho, que según nos contaron, debía causar sensación en las representantes del sexo femenino. Si fijamos la atención en la parte central de su cuerpo, podremos tal vez adivinar por qué. Muy cerca, la mezquita, señal también del pasado otomano en la población.

PLOVDIV: Anfiteatro romano y Mezquita / Milho: Personaje famoso en Plovdiv

También visitamos varias iglesias ortodoxas que representan la otra cultura de estas tierras. Al entrar en ellas pudimos escuchar los cantos de los sacerdotes, parecidos al gregoriano, mientras una persona agitaba continuamente un gran incensario.

Completamos nuestro paseo con la visita de la casa más bonita de Plovdiv, que fue construida en el siglo XIX por un rico comerciante. Luce una gran fachada, curvilínea, de madera decorada. Tiene un gran jardín magnífico que le da carácter de gran vivienda. El interior está convertido en un Museo Arqueológico. Posee unos techos maravillosos, todos de maderas tipo taraceas.

Después del Almuerzo en un restaurante, seguimos ruta hacia la ciudad de Burgas, situada en el Mar Negro, donde tuvimos tiempo para poder recorrer y conocer su centro antes de la cena.

DÍA 5: MAR NEGRO

Este día visitamos Nessebar y Sozopol, dos ciudades que constituyen la “Costa Azul” de Bulgaria, en el Mar Negro. Nessebar te sorprende por las maravillosas vistas sobre las marismas, junto a unas ruinas griegas y un precioso molino de madera a la entrada de la ciudad. Hay que destacar el número tan elevado de iglesias que se han concentrado en una pequeña población: ha llegado a tener 42 iglesias, de las que ahora quedan 6; casi todas ortodoxas y muy parecidas. Visitamos la de San Esteba, con decoración dorada y espectacular. Las calles muy preparadas de tiendas para los turistas. Visitamos también un interesante museo, sobre todo en su parte inferior, con una exposición sobre cuadros de iconos.

La comida, en el restaurante Gloria y Mar, con espléndidas vistas al puerto pesquero con sus barquitos, resultó muy agradable: Pescado empanado y pollo con salsa búlgara, muy condimentada. En realidad esta ciudad es una isla del Mar Negro.

Foto 10
Iglesia  Sveti Stefan, de Nessebar

 

Foto 11
Sotopol

Terminada la comida nos dirigimos a Sozopol, otra población totalmente turística, con bellas vistas al mar, sembrado de diversos islotes, como el de San Pedro. Como en todos los lugares, no podía faltar una gran iglesia. La de aquí está dedicada a San Juan, porque en su interior se encuentra una arqueta de oro y marfil que alguien donó y que contiene varias reliquias de este santo. La nota más destacable de esta población son sus casas de madera, con soportes bajos, que se conservan muy bien y que, aunque bastante austeras, dan a la ciudad un aspecto muy particular y especial. Sozopol es la antigua ciudad de “Apolonia”, en honor del dios Apolo. Allí se celebra cada año el Festival de Arte Apolonia.

DÍA 6: VALLE DE LAS ROSAS

Salimos de Burgas camino del Valle de las Rosas, lugar que era de los más esperados por muchos de nosotros. Tal vez habíamos idealizado mucho esta visita y esperábamos mucho más de lo que vimos, por lo que nos quedamos un tanto decepcionados. En primer lugar, no vino ningún valle con rosas. Visitamos el Museo de las Rosas que está muy bien, donde te explican todo el proceso de fabricación de cremas y productos derivados de las rosas, junto con la historia del fundador de la empresa. Pero alrededor del Museo no había tiendas, ni puestos de productos de las rosas, que es lo que esperábamos para cargar nuestras mochilas. Menos mal que a nuestro regreso a Sofía encontramos lo que buscábamos.

Tampoco nos pareció nada extraordinaria la Tumba Tracia del rey Tracio Goliama Kosmatka, escavada en una pequeña colina, y hasta la que se llega por un largo pasillo que te conduce hasta donde se supone que estaba enterrado. Punto aparte merece la visita que vino a continuación: la de la Iglesia rusa ortodoxa de Shipka: un  fantástico monumento entre montañas, de una belleza extraordinaria, aunque no tiene historia antigua, ya que data del siglo XX. Dentro la vigilancia era bastante estricta, ya que nos prohibieron hacer fotos, de modos hasta un tanto agresivos. A pesar de todo, nos pareció el escenario ideal para hacernos una foto de grupo, con la silueta de la iglesia de fondo.

Foto 12
Iglesia rusa ortodoxa de SHIPKA

Por la tarde continuamos nuestro camino hacia Etara, donde visitamos el Museo al aire libre, donde existen talleres artesanales de los 26 oficios búlgaros practicados en los siglos pasados, y algunos todavía vigentes, como el de la panadería o el de la platería. Nuestra atención quedó especialmente atrapada por la “vieja escuela”, donde los niños escribían con pluma de animal y arena, ya que no había dinero para tinta ni para otros elementos. En el mismo pupitre había una parte en lo alto (donde en los nuestros estaba el tintero) llena de arena, y allí trazaban sus signos.

 

Etara: Museo al Aire Libre

Este día hemos tenido muchas horas de autobús. El guía, con la sana intención naturalmente, se vino arriba y no paró de contarnos historias de sus antepasados los “tracios”. Como por ejemplo, que el primer rey tracio fue Orfeo, hijo de Apolo y de la musa Calíope, el cual con su canto y tocando su arpa amansaba las aves y las fieras. Orfeo se enamoré de Eurídice, pisó una serpiente y a raíz de eso murió. Los descendientes de Orfeo son los tracios, a los cuales, a juicio de Herodoto, no les gustaba cultivar la tierra, por lo que prefirieron hacer comercio con los griegos, adaptándose a su religión. En los Balcanes, los romanos en el siglo I conquistaron parte de Tracia, dividiendo los pueblos, y de esta forma nació Macedonia. Filipo II, padre de Alejandro Magno, conquistó estas tierras, llamando a una de ellas Filopopolis, la hoy Plovdiv. En el siglo I un tracio fue hasta Roma para empezar a liberar a los esclavos: fue el famoso Espartaco. A causa de la romanización en los Balcanes todavía se habla latín. En el siglo IV no se hablaba ya de los tracios, pues se habían convertido ya en ciudadanos romanos. Después llegó Atila hasta Roma y empieza la decadencia del imperio romano. Y así…, nuestro guía estuvo como dos horas sin parar de contarnos estas y otras muchas historias que obviamos, con las consiguientes aunque tímidas protestas de algunos de los viajeros.

Seguimos viaje hacia Tryavna, pintoresca ciudad de la época del renacimiento, donde destaca su torre del reloj, para que la población guiara sus pasos al compás de sus campanadas. También merece la pena destacar la belleza del puente medieval que da paso al otro lado del pueblo, así como sus originales casas de madera. Al dirigirnos al hotel Kalina Palace 4*, donde íbamos a pasar la noche tuvimos ligero percance: la carretera que llevaba al hotel situado en lo alto carece de indicaciones. Además al llegar a la última curva, no tenía la suficiente anchura como para que el “bus” pudiera tomarla, por lo que tuvo que seguir recto y entrar reculando hasta el hotel unos doscientos metros, a donde llegamos gracias a la destreza del conductor. Así hay todavía algunas infraestructuras en Bulgaria. Estupendas habitaciones, por cierto.

DÍA 7: VELIKO TARNOVO

Este día nos tocó visitar en primer lugar Veliko Tarnovo, una de las ciudades más bellas de Bulgaria. Te impresiona nada más llegar, pues a la derecha contemplas un puente medieval que se continúa con una preciosa muralla, con una puerta de acceso que te conduce hasta una iglesia que está en lo alto de la colina. La subida fue bastante dura y el interior de la misma no nos ha gustado tanto como otras muchas que hemos visto, ya que está decorada con pinturas del siglo XX, modernas, que nada tienen que ver con tanta decoración iconográfica bizantina que llevamos viendo toda la semana. Lo que si mereció la pena fue la vista panorámica de la ciudad que se contempla desde este punto. En la muralla hay una torre que le dicen de “Balduino”. Cuenta la leyenda que entre las muchas guerras que ha habido entre búlgaros y francos, la zarina se enamoró de Balduino I, rey. Éste la rechazó y ella se venga contándole al zar que Balduino ha intentado violarla. Inmediatamente el zar manda llevarlo a la torre en cuestión, y lo despeña matándole. Aunque otra versión dice que le cortó la cabeza.

Foto 16
Veliko Tarnovo

IMG_20190723_121554
Iglesia de la Natividad de Arbanasi

Seguiremos ruta hacia Arbanasi, lugar de residencia de verano de los reyes búlgaros donde, aun hoy, encontramos casas que pertenecieron a ricas familias. Allí visitamos una verdadera joya de esas tierras: una especie de caserío bajo, que contiene unas pinturas extraordinarias del siglo XVI y XVII, muy expresionistas y de autores desconocidos. Tuvimos la suerte de que la guía hablaba español. La casa es baja y alargada, puesto que fue construida en época turca. Según nuestro guía, Petrof, las casas se construían con la medida de un hombre a caballo. Continuación hacia la ciudad de Lovech, donde almorzamos en el Hotel President: Berenjenas rellenas de queso, carne de cerdo con salsa y plátano. Un buen menú.  Después visitamos el Lovech antiguo. Destacamos el puente cubierto sobre el río Osan (en búlgaro quiere decir ocho. No es muy típico pero tiene su historia y u n montón de tiendecitas de esas que te invitan a comprar. Nos recordó el puente de Lucerna, en Suiza; éste sin tiendas pero mucho más “típico”, y también al “Ponte Vechio”, de Florencia, éste también con tiendas. En nuestro recorrido también nos llamó la atención una enorme estatua de Balbino I, que en 1187 conquistó Bulgaria a los turcos.

Esa tarde volvimos a Sofía, a nuestro primer hotel, el Sardica Arenas, donde volvimos a disfrutar de sus estupendas habitaciones y de su atención al cliente (zapatillas para la ducha, agua, café, infusiones…). Por la noche, y de despedida, nos fuimos un grupito de compañeros de viaje a tomar la última copa en Sofía, en una terraza muy agradable, cerquita del hotel y en frente del Palacio Real. El “Gin-tonic”, nos lo sirvieron en vez de con limón, con una rodaja de “pepino”. ¡Será su costumbre!

DÍA 8: SOFÍA-ZARAGOZA

Por la mañana, aprovechamos, para hacer nuestras últimas compras de “cremas de rosas”, ya que en el Valle de las Rosas no tuvimos ocasión de hacerlo. Y después…, al aeropuerto, con algo de nostalgia, pero conscientes de que había que acabar este recorrido, muy interesante por lo que habíamos aprendido de otra cultura   desconocida para nosotros, pero intensa y llena de atractivos turísticos y religiosos, de la historia de un país creado a base de luchas y guerras, como tantos otros, pero que ha dejado en nosotros un poso artístico muy hermoso, como es el arte bizantino.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s